EL PUERTO SILENCIOSO
I
El puerto silencioso,
las lanchas amarradas,
las algas en la piedra…
Pero ahora es el momento del descanso:
los hombres necesitan su descanso,
dejándose al placer de las tabernas.
La gente de esta tierra necesita
del vino en las tabernas
de la zona.
El vino en las tabernas de la zona…
II
Las viejas escaleras,
la rampa y los verdines,
la piedra y el salitre…
Atrás quedan las horas en la lancha,
los ratos de fatiga en los caireles,
los tiempos de dolor en los caireles.
Y puede el vino amargo de la vida
dar calma al marinero
que regresa
-la calma viene siempre con el vino-.
III
Y todo el panorama:
el faro allá en el cabo,
las playas a lo lejos…
Y va llegando, lento, ese crepúsculo
-son horas de silencio y de crepúsculo,
de cháchara esperando por la cena-.
La cena de esta gente se les sirve,
tal vez en compañía
de otros viejos,
en chigres sin manteles ni elegancia.
IV
También las olas tristes,
sus gritos en los bloques,
sus voces, sus arrullos…
Y es siempre bebedor el marinero,
no ha de faltar el vino al marinero,
pues pide el alma paz en duras lides.
Y cae la noche triste sobre todo:
las playas, los pedreros,
los cantiles,
los mares alterados, las espumas…
V
El puerto silencioso,
las lanchas amarradas,
las algas en la piedra…
Y llega ese momento del descanso:
los viejos pescadores necesitan
su rato de tabernas y de tascas,
su tiempo de relajo, su escapismo,
su fuga del cansancio,
la conquista
del vino en las tabernas de la zona…
VI
Pues es la vida dura,
como lo son las olas
y el viento espumarado,
sus voces siempre roncas, su tristeza,
la voz de su tristeza, sus penurias,
la rabia de su azote contra el muro
-lo mismo da en el puerto o en los cantiles-.
El puerto y los cantiles,
la derrota
de todas las espumas de los mares.
VII
Porque los días sienten
el golpe de las olas,
si es tarde de galerna.
Y siempre viven tiempos de galerna
los pobres que padecen la galerna,
los viejos pescadores del entonces.
Los tiempos, sin embargo, se han mudado.
La vida es hoy más fácil
para todos
y no es el vino ya una medicina.
VIII
El vino, medicina
que se hace necesaria
donde haya un hombre intrépido.
Donde haya un hombre intrépido y valiente,
que sepa de naufragios y desgracias
tendrá que estar el vino en las tabernas.
Y el vino sigue vivo en las tabernas
si quedan boniteros
todavía.
Y quedan boniteros todavía.
2025 José Ramón Muñiz Álvarez

No hay comentarios:
Publicar un comentario